No les abandonas, les condenas

Artículo de la asociación protectora La Madriguera

Sally, abandonada en la Casa de Campo de Madrid
Sally, abandonada en la Casa de Campo de Madrid

No es la primera ni la última vez que una persona decide abandonar o deshacerse de un pequeño animal en zonas como jardines, parques o descampados pensando que estarán mejor al aire libre donde puedan correr libremente. Sin embargo, esta creencia tiene fatales consecuencias para los animales que ven cómo su vida se convierte en un peligro constante.

Cuando animales como conejos, cobayas o chinchillas, entre otros, son abandonados en diferentes zonas verdes, se encuentran de pronto en un entorno desconocido lleno de peligros del que son incapaces de guarecerse al no saber cómo excavar una madriguera que les brinde refugio o cómo escapar de unos depredadores de los que no tienen conocimiento alguno.

Además, la mayoría de los animales criados en cautividad no saben cómo buscar agua o comida; están tan acostumbrados a su comedero, su bebedero y sus premios, que seguirán esta misma conducta se encuentren donde se encuentren. De este modo, muchos de ellos morirán de hambre o sed, otros tantos se envenenarán al desconocer qué plantas son tóxicas y los más afortunados estarán tan malnutridos que verán comprometido su bienestar futuro.

Si a todo ello le sumamos toda una serie de circunstancias adversas a las que tendrán que enfrentarse —el clima, los cambios de tiempo, las enfermedades, los parásitos, personas con malas intenciones y un largo etcétera que jugará siempre en su contra—, las consecuencias del abandono en estas zonas son desoladoras.

En caso de que logren sobrevivir, las circunstancias que afrontan son tan duras que su esperanza y calidad de vida merman escandalosamente, al tiempo que pueden llegar a convertirse de manera involuntaria en un problema medioambiental. Tanto si el animal doméstico se cruza con especies autóctonas de la zona—concediendo a su descendencia una genética mezclada mucho menos apta para sobrevivir en libertad—, como si proliferan numerosos grupos de individuos que se consolidan como plaga, la consecuencia es un problema ecológico que suele acabar con el exterminio de todos estos animales de maneras muy poco humanitarias.

Sea como fuere, la única realidad es que abandonar a los pequeños animales en jardines, parques o descampados es una auténtica condena.

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